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Cómo dejar de estar con el móvil delante de tus hijos
No es que seas mal padre o mala madre. Estás agotado, y el móvil es la salida fácil para desconectar cinco minutos. El problema es que esos cinco minutos se comen el rato con tus hijos, y un día es tu hijo quien te aparta el móvil de las manos para que le mires. Soltarlo no se arregla prometéndotelo: estás demasiado cansado para ganar ese pulso cada tarde. Lo que funciona es dejar el móvil fuera de tu alcance con una barrera física que no puedas saltarte. Aquí te cuento cómo.
No eres mal padre. Estás agotado (y el móvil lo sabe)
Primero, suelta la culpa. No scrolleas porque seas vago ni porque quieras a tus hijos menos. Scrolleas porque llegas vacío y el móvil es lo único que te pide cero energía. Y porque está diseñado por equipos enteros para que no puedas soltarlo. El problema no eres tú, es un aparato hecho a propósito para engancharte, justo cuando menos fuerzas tienes para resistirte.
"Mamá, papá, deja el móvil"
Casi todos los padres tienen ese momento grabado: el hijo que te quita el teléfono de la mano y se sienta encima para que le hagas caso. O el "deja el móvil" dicho con cinco años. No es un reproche, es una petición. Los niños no recuerdan cuántas horas trabajaste; recuerdan si les mirabas a la cara o a la nuca de tu pantalla.
No necesitas ser mejor padre. Necesitas que el móvil deje de estar a un toque cuando estás con tus hijos.
Por qué prometerte que lo soltarás no funciona
Te lo prometes por la mañana y por la tarde, reventado, la mano va sola al móvil sin que lo decidas. No es falta de voluntad: es que le pides a tu yo agotado de las ocho de la tarde que gane el pulso que perdió ayer y anteayer. Por eso lo de "esta vez sí" no aguanta. Hay que sacar la decisión de tu mano cansada.
Prometértelo cada noche
Depende de tu fuerza de voluntad justo cuando estás más vacío. Mañana vuelves a coger el móvil sin darte cuenta.
Una barrera física
Un objeto en casa. Durante el rato con tus hijos, las apps que te absorben se abren solo escaneando. No tienes que decidirlo cansado.
La versión adulta de "dejarlo en otra habitación": qué es Monk
Seguro que ya has probado tus trucos: dejar el móvil en otra habitación, ponerlo boca abajo, fantasear con volver a un Nokia. Funcionan a ratos, hasta que vas a por él. Monk es la versión pensada de ese truco: un disco físico que dejas en casa. Durante el rato con tus hijos, pones detrás de la barrera las apps que te absorben y, para abrirlas, tienes que escanear el disco. No es otra app que vas a desinstalar mañana. Es un objeto. El móvil sigue cerca por si hay una llamada, pero el scroll deja de estar a un toque.
El Monk funciona en iOS. Datos de producto de monktag.com.
Lo que recuperas
Una tarde entera mirando a tu hijo a la cara vale bastante más de 54,95 €. No va de usar menos el móvil por una cifra, va de volver a estar. De que se acuerden de tu cara y no de tu nuca. Y, de paso, de enseñarles con el ejemplo lo que quieres que ellos hagan de mayores: soltar el teléfono cuando importa.
Preguntas frecuentes
¿Esto no es culpabilizar más a los padres?
Justo lo contrario. La culpa es del móvil, diseñado para engancharte cuando estás agotado. Monk se pone de tu lado, no te señala. No necesitas más reproches, ya te castigas tú bastante; necesitas que el aparato deje de ponértelo tan fácil.
¿No me basta con dejar el móvil en otra habitación?
Si te funciona, perfecto. A la mayoría se le hace cuesta arriba y acaba yendo a por él. Monk te deja el móvil cerca por si hay una urgencia con los niños, pero pone la barrera en las apps que te absorben.
¿No es otra app que acabaré desinstalando?
No es una app. Es un objeto físico que dejas en casa. Para entrar en una app bloqueada tienes que escanearlo, así que no se desinstala ni se desactiva en un descuido.
¿Me lo puedo saltar si me hace falta de verdad?
Para volver a entrar en una app bloqueada tienes que escanear el Monk físico. No existe un desbloqueo manual desde la app. Por eso aguanta justo cuando estás más cansado.
Vuelve a verle la cara a tu hijo
No necesitas más fuerza de voluntad al final del día. El Monk es un objeto en casa: durante el rato en familia, las apps que te absorben se abren solo escaneando. Tú solo tienes que estar.

