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Blog · Datos · 9 min
Cuánto tiempo de pantalla por edad: la guía con fuentes (OMS, AEP y AAP)
La respuesta corta, por edad: menos de 2 años, nada de pantallas (salvo una videollamada con un adulto). De 2 a 5 años, la pediatría española recomienda evitarlas; la referencia internacional permite hasta 1 hora al día. De 6 a 12 años, máximo 1 hora diaria (deberes incluidos). De 13 a 16, máximo 2 horas. Debajo tienes cada cifra con su fuente oficial y su año.

Si has llegado hasta aquí es porque quieres el número claro, sin refritos ni cifras a ojo. Vamos a dártelo con la fuente exacta pegada a cada edad, distinguiendo qué dice la OMS, qué dice la pediatría española y qué dice la americana (que no siempre coinciden, y casi nadie lo aclara). Y luego vamos a la parte que ninguna guía cubre: saber que el límite son dos horas es fácil; conseguir que de verdad sean dos horas un martes a las nueve de la noche es lo difícil.
Tabla del tiempo de pantalla recomendado por edad
Esta es la tabla maestra. Cada franja lleva su recomendación y la fuente oficial con el año. Cuando dos organismos no coinciden, lo verás señalado (pasa entre los 2 y los 5 años, y conviene saberlo).
| Edad | Límite recomendado | Fuente oficial (año) |
|---|---|---|
| Menos de 2 años | Nada de pantallas. Excepción: videollamadas con un adulto. | OMS (2019): menos de 1 año, nada. AAP (2016): menos de 18 meses, evitar salvo videollamadas. En España la AEP (2025) lo amplía y recomienda evitar hasta los 6 años. |
| De 2 a 5 años | En España: evitar toda pantalla (excepción: fines puntuales de contacto social, como una videollamada, un cuento o una canción, y siempre con un adulto). Referencia internacional: máximo 1 hora/día de contenido de alta calidad y acompañado. | AEP (2025): evitar de 0 a 6 años. OMS (2019): a partir de 2 años, máx. 1 h/día. AAP (2016): de 2 a 5 años, máx. 1 h/día. |
| De 6 a 12 años | Máximo 1 hora al día, incluido el uso escolar y los deberes en pantalla. | AEP (2025): franja de 7 a 12 años. A los 6 años aún recomienda evitar. |
| De 13 a 16 años | Máximo 2 horas al día, incluido el periodo escolar. | AEP (2025). |
Un apunte de respaldo para las cifras más simples: MedlinePlus, la enciclopedia médica del NIH estadounidense en español, resume la misma idea de base: nada de pantallas antes de los 2 años y un límite de 1 a 2 horas diarias a partir de ahí (medlineplus.gov, NIH).
OMS, AEP y AAP: quién dice qué, y por qué no es lo mismo
Aquí está el matiz que casi ningún artículo aclara, y que marca la diferencia entre una guía fiable y un refrito.
La OMS solo llega hasta los 5 años. Sus directrices de 2019 sobre actividad física, sedentarismo y sueño cubren a los menores de 5, no más. Para bebés y niños pequeños son la referencia mundial; para un niño de 9 o un adolescente de 14, la OMS no da cifra. Quien te presente "la recomendación de la OMS para los 12 años" está inventando (Directrices OMS, 2019).
La AEP es la referencia para España. La Asociación Española de Pediatría actualizó sus recomendaciones sobre pantallas en 2025, dentro de su Plan Digital Familiar. La novedad importante: subió la edad de "evitar toda pantalla" de los 3 a los 6 años. Muchos artículos que encuentras por ahí siguen citando la vieja cifra de "0 a 3". La buena es la de 2025, y para franjas de 6 años en adelante es la fuente que manda aquí (AEP, 2025).
La AAP es americana, y es de 2016. La Academia Americana de Pediatría publicó su política Media and Young Minds en 2016. Es sólida y muy citada, pero es de otro país y algo más antigua. Además, cuidado: no es lo mismo que la AACAP ni que la APA (son siglas distintas, y hay divulgación que las confunde). Cuando en esta guía leas "AAP", es pediatría americana, 2016 (AAP, Media and Young Minds, 2016).
Por eso entre los 2 y los 5 años verás dos respuestas. La española (AEP) es más estricta y recomienda evitar. La internacional (OMS y AAP) permite hasta una hora de contenido bueno y acompañado. Ninguna está "mal": son criterios distintos, de organismos distintos, con años distintos. Decírtelo así es lo honesto.
¿Por qué estas cifras, y no otras?
La respuesta corta: porque a estas edades no cuentan solo las horas, cuenta qué desplaza la pantalla. El tiempo que tu hijo pasa mirando una pantalla es tiempo que no pasa durmiendo, moviéndose, jugando o hablando contigo. Y esas cuatro cosas son las que construyen a un niño.
No es una cifra sacada de la nada ni una manía de los pediatras. La lógica detrás de todas estas guías es la misma: el día tiene las horas que tiene. Cuando la pantalla se come una parte grande, la resta no sale de la nada, sale de lo que de verdad hace falta a esa edad.
Los organismos citados coinciden en los efectos del exceso, y no hace falta dramatizarlos para tomárselos en serio. La OMS y MedlinePlus asocian el abuso de pantallas en la infancia con peor sueño, más problemas de atención, mayor sedentarismo y más riesgo de sobrepeso, además de señales de ansiedad cuando el uso desplaza la vida offline (OMS, 2019; MedlinePlus, NIH).
No es que una hora "haga daño" y cincuenta y nueve minutos "estén bien". Es que a más pantalla, menos de todo lo demás.
Y aquí entra el matiz que las guías buenas subrayan: importa tanto la cantidad como la calidad. Media hora de videollamada con los abuelos no es lo mismo que media hora de scroll infinito. Por eso la AAP habla de "contenido de alta calidad y acompañado" y la AEP insiste en el uso con un adulto en los más pequeños. La cifra pone el techo; el tipo de contenido decide si esa hora suma o solo llena.
Un detalle que casi nadie menciona y que conviene tener claro: en la franja de 7 a 12 años, el límite de la AEP incluye los deberes en pantalla. Es decir, la hora diaria no es "una hora de ocio aparte de lo del cole". Si tu hijo hace media hora de tareas en la tablet, le queda media hora para lo demás dentro del cómputo (AEP, 2025). Es un dato incómodo pero útil, porque cambia la cuenta que hace la mayoría de familias.
Del límite recomendado al límite que de verdad se cumple
Aquí es donde casi todas las guías lo dan por terminado. Te dan la tabla, te desean suerte y hasta luego. Pero tú no buscabas solo el número. Buscabas que ese número se respete en tu casa, y eso es harina de otro costal.
Piénsalo un momento. Saber que a los 12 años el límite es una hora es la parte fácil: lo acabas de leer y ya lo sabes. La parte difícil es que esa hora se cumpla un martes cualquiera, cuando tu hijo lleva veinte minutos de más, tú estás haciendo la cena y "cinco minutos más" es la frase que más veces se dice en cualquier casa de España. El límite recomendado no se hace cumplir solo. Alguien tiene que sostenerlo, y ese alguien acabas siendo tú, negociación tras negociación.
Ese es el problema real, y no es de disciplina. Un límite que depende solo de la voluntad (la tuya y la de un niño de doce años) se rompe, porque el diseño del móvil está hecho para que se rompa. Cada app está pensada por gente muy lista para que "un poco más" sea siempre la opción más fácil. Pedirle a un niño que gane esa pelea a fuerza de voluntad, varias veces al día, todos los días, es pedirle mucho. Y pedírtelo a ti, que llegas cansado y no quieres que cada tarde acabe en discusión, también.
Por eso el salto que importa no es de "no sé la cifra" a "sé la cifra". Ese ya lo has dado. El que cambia las tardes en casa es de "sé que es una hora" a "consigo que sea una hora, sin que dependa de mi humor ni del suyo".
La barrera física: cuando el "no" deja de ser tuyo
La recomendación la pone la pediatría. Hacerla real, del lado del padre y sin pelear cada tarde, es lo que pone Monk.
Aquí es donde entra Monk, y lo contamos sin humo porque este es un post de datos, no de venta.
El Monk es un dispositivo físico (con tecnología NFC, del tamaño de un AirTag) que convierte el número de esa tabla en una barrera real. Bloqueas las apps que quieras en el iPhone, y para volver a abrirlas hay que acercar el móvil al Monk y escanearlo. No hay desbloqueo manual. No hay código que valga, ni "cinco minutos más" que negociar, ni modo de concentración que se salte. Cuando llega la hora que has fijado, la app se cierra, y para reabrirla hace falta el Monk. Punto.
La diferencia es sutil pero lo cambia todo: el "no" deja de ser tuyo y pasa a ser del sistema. Ya no eres tú quien le quita el móvil (con la bronca que eso trae). Es que la app, sencillamente, no se abre hasta que toque. Ese segundo de fricción, tener que levantarse y escanear, es justo lo que mata el gesto automático de seguir dándole sin pensar.
Y si el móvil es de tu hijo, puedes gestionar ese límite en la distancia. El Monk lo guardas tú. Bloqueas las apps en su iPhone en remoto, y no se desbloquean reiniciando, cambiando la hora, con los modos de concentración ni sabiéndose ningún código: se desbloquean cuando tú acercas el móvil al Monk que tienes tú, y no antes.
Seamos honestos con lo que es y lo que no. En iOS ningún sistema es una jaula perfecta (el navegador Safari siempre deja una rendija). El Monk no promete magia: mata el gesto automático de abrir la app por inercia, que es el 90% del problema. Y lo hace con un objeto que no se salta en dos toques, que es más de lo que puede decir cualquier ajuste que vive dentro del propio móvil.
Qué es Monk y cómo se usa en tres pasos
Para que quede claro y sin letra pequeña: El Monk es un dispositivo físico, no otra app. Y eso no es un detalle: los límites que viven dentro del móvil (un código de cuatro cifras, un ajuste, otra app más) se adivinan, se resetean y se negocian cada noche, porque la solución no puede vivir dentro del problema. El Monk queda fuera: un dispositivo sin pantalla que no exige fuerza de voluntad, ni la tuya ni la de tu hijo, porque la decisión se toma una vez y no hay que volver a tomarla a cada rato. Hoy funciona solo en iPhone (iOS). Y no lo usan solo los padres: los propios chavales se monkean para estudiar, para dormir o para una cena en la que todos dejáis el móvil fuera. Cuando el gesto se vuelve hábito, el límite deja de ser una norma tuya y empieza a ser algo suyo.
Cómo se usa, en tres pasos:
- Eliges qué apps bloquear (las tuyas, o las del móvil de tu hijo en remoto).
- Fijas los límites que dice la tabla de arriba: sesiones y horarios en los que esas apps quedan cerradas.
- Escaneas el Monk para reabrir una app cuando de verdad toque. Ese es el único camino de vuelta, y por eso el límite se sostiene.
Si el tema de las noches es lo que más te preocupa (el móvil en la habitación, el sueño que se resiente), te vendrá bien leer cómo actuar cuando tu hijo no duerme por el móvil. Y si quieres el panorama completo de hasta qué punto esto es un fenómeno de país, aquí tienes los datos de la adicción al móvil en España.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo de móvil a los 12 años?
Según la Asociación Española de Pediatría (2025), en la franja de 7 a 12 años el límite es de un máximo de 1 hora al día, y ese cómputo incluye el uso escolar y los deberes en pantalla. Es decir, a los 12 años no es "una hora de ocio más lo del cole", sino una hora en total. Cuando tu hijo cumpla 13 sube a un máximo de 2 horas diarias, también con el periodo escolar dentro.
¿Un niño menor de 2 años puede ver pantallas?
No, y en esto coinciden todas las fuentes. La OMS (2019) recomienda nada de pantallas antes del año, y MedlinePlus (NIH) mantiene el "cero pantallas" hasta los 2. La AAP (2016) admite una única excepción razonable: las videollamadas (ver a los abuelos por vídeo, por ejemplo), porque son interacción real y no consumo pasivo. En España, la AEP (2025) va más allá y recomienda evitar toda pantalla hasta los 6 años, salvo fines puntuales de contacto social y siempre con un adulto delante.
¿El tiempo de deberes en pantalla cuenta dentro del límite?
Sí, y es de los matices menos conocidos. La AEP (2025) especifica que, en las franjas de 7 a 12 y de 13 a 16 años, el máximo diario (1 y 2 horas respectivamente) incluye el uso escolar. Los deberes en tablet o portátil entran en la cuenta. No significa que estudiar sea malo, significa que si una parte del tiempo se va en tareas, queda menos margen para ocio dentro del mismo tope. Conviene tenerlo presente al repartir el día.
¿Cómo consigo que ese límite se cumpla de verdad?
Con el número solo no basta, porque el móvil está diseñado para que "un poco más" sea siempre lo fácil. Lo que funciona es convertir la cifra en algo del entorno, no de la voluntad: horarios claros y una barrera que no se negocie cada tarde. El Monk hace justo eso. Las apps quedan bloqueadas y para reabrirlas hay que escanear un dispositivo físico que guardas tú, sin desbloqueo manual. El límite deja de ser una discusión diaria y pasa a cumplirse solo.
Ya tienes el número. Ahora, que se cumpla
Ya tienes el número que dice la pediatría. Lo que casi nadie te da es la forma de que ese número se respete un martes a las nueve, sin que cada tarde acabe en negociación. El Monk convierte el límite recomendado en un límite que de verdad se cumple: una barrera física que no exige fuerza de voluntad, ni la tuya ni la suya.
Quiero tardes sin negociaciónUn gesto físico · Sin fuerza de voluntad · Las llamadas funcionan siempre
Y si quieres empezar por la época en que todo esto se descontrola (las vacaciones, con los niños en casa todo el día), te ayuda leer cómo montar un verano sin pantallas con los hijos sin convertirlo en una batalla.

